En el libro Voces y Pisadas predomina lo testimonial. El humor es un invitado especial, también la nostalgia, sin que quiera decir que otros huéspedes no lo sean. El protagonismo lo asume esa prole que convivió o convive con el autor y con los sencillos avatares de su tiempo. No hay estrictez cronológica ni sujeción a un solo género literario. El tiempo galáctico se agazapa en una polvareda densa y tardía, no así el contemporáneo, recolector de menesteres cotidianos; como el cosechero que, avisado de sus límites, de su miseria y de su finitud, se contenta con unos puñados. No van a encontrar historias fastuosas. Sus personajes —en su mayoría— se deben a la vida simple, alegre y creativa del pueblo. Atizar rescoldos, hincarse ante el terco pasado, despertarlo de su cargante sumo, es la misión del memorialista.
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